Corría el verano del año 2012 cuando hicimos nuestro segundo viaje a Europa. Teniendo como base el pueblito de Santa Fe, ubicado a escasos 15 Km de la ciudad de Granada en la región Andaluza de España, decidimos junto a nuestros anfitriones dar un paseo por el parque nacional Sierra Nevada. Por supuesto, el calor del verano impedía la existencia de nieve por esa época del año, pero fue como rememorar nuestros viajes a la sierra merideña en Venezuela, por las similitudes del clima y la cantidad enormes de curvas a superar en la carretera. Un pueblito pintoresco nos dio la bienvenida (hay muchos así en España) y recuerdo haber quedado impresionado por una cancha de fútbol, en medio de la nada, construida relativamente cerca del pueblo. Pocas gradas, pero perfectamente habilitada para jugar. Las imágenes de ésta publicación son testigo de aquel encuentro. Fue cuando nos dimos cuenta del arraigo profundo del deporte rey en la raza humana.

Convencido de la universalidad del fútbol, recuerdo haber hecho un compromiso conmigo mismo, de entender mejor las estrategias y las tácticas de los equipos, en una época donde solo nos gustaba ver sin entender. Poco a poco y guiado por el entusiasmo de mi hermano menor, comprendimos la mecánica de equipo y los diferentes sistemas de juego. En seis meses ya era capaz de debatir sobre el tema futbolero con mi hermano. Todo lo anterior viene a colación respecto a nuestra crónica de la semana pasada y la serie de eventos no conexos con el fútbol, en los cuales ha incurrido la actual dirigencia de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociado), tomando decisiones que pueden perjudicar lo que tantos años ha intentado construir: el amor y el fanatismo por el fútbol. Antes de continuar, es imprescindible aclarar que crecí en un país donde el fútbol no era el deporte preferido y he sido testigo como las preferencias han ido cambiando.

Un ejemplo crítico de las decisiones que la FIFA ha tomado, fue la creación de un premio a la paz, entregado al presidente norteamericano Donald Trump. Se sacaron, de quien sabe donde, un galardón no relacionado con el deporte. Y lo decimos porque hacer deporte es hacer la paz. Por ende, tal condición es intrínseca del deporte. Tomar decisiones mezcladas con política y, peor aún, anunciarlas en el marco del sorteo para la copa mundial 2026, es un marcado signo de desgaste de la dirigencia y un riesgo enorme al mezclar dos actividades que sí están relacionadas pero son de distintos objetivos. El presidente del organismo rector del deporte rey, ha quedado en evidencia, no solo por una decisión completamente extraviada, sino por demostrar una clara falta de tacto. ¿Creaste un premio para congraciarse con una de los anfitriones del mundial? Entrégalo cuando éste (el mundial) sea realizado y en un escenario distinto.

Le comentaba a un hiver en la publicación referida, que no sólo hay problemas de precios por los tickets para ver partidos del mundial en persona, sino que también la FIFA ha tenido problemas para vender los derechos de televisión, dado los precios que piden. Lo pudieron hacer porque finalmente decidieron disgregarlos entre varios oferentes. De otro modo, habrían quedado fríos. Y no hay que ser genio para darse cuenta que las personas no son estúpidas. La FIFA pareciera estar tomando un rumbo al despeñadero desde hace cierto tiempo, que derivará en la completa condena del público seguidor. Jamás quisiera presenciar el entierro de un deporte tan bonito, a manos de una dirigencia donde el poder les ha nublado completamente el juicio. Y si no quieren ver las gradas vacías (como ya pasó en el mundial pasado en Qatar), tendrán que hacer un esfuerzo enorme por recuperar el favor del público. Al final, son quienes mantienen la pelota rodando.

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