
No hay mejor aula que el aire libre para despertar la curiosidad y el entusiasmo de los más pequeños. Hoy los niños de tercer grado tuvieron una jornada muy especial: salieron de la rutina del salón tradicional para subir la montaña y recibir su clase de El mundo en que vivimos.
En esta asignatura aprenden sobre la naturaleza, el medio ambiente y todo lo que nos rodea. ¿Y qué mejor lugar para comprender estos temas que la propia montaña, rodeados de vegetación, aire puro y con el mar de fondo?
El recorrido comenzó con una caminata por un sendero inclinado . Con las mochilas a sus espaldas y llenos de energía, los niños avanzaron entre la vegetación local. Cada paso representó una oportunidad para observar de cerca lo que habitualmente leen en los libros de texto: la diversidad de plantas, los diferentes tipos de relieve y el ecosistema costero.


Al llegar a la zona elegida, se acomodaron en el suelo, bajo la sombra de la vegetación, para iniciar la actividad. Armados con sus cuadernos, lápices de colores y dibujos, compartieron ideas y dibujaron los elementos naturales que observaban a su alrededor.

Este tipo de actividades vivenciales aporta múltiples beneficios para los estudiantes:
Conexión con el entorno: Les permite valorar la flora, la fauna y los recursos naturales directamente desde su entorno más cercano.
Trabajo en equipo y convivencia: La caminata y las actividades en grupo fortalecen el compañerismo y la empatía fuera del espacio del aula.
Mayor motivación: Experimentar la lección de manera sensorial y práctica hace que el aprendizaje sea mucho más significativo y duradero.
Las sonrisas en los rostros de los pequeños reflejan lo mucho que disfrutaron de esta lección interactiva al aire libre. Sin duda, una jornada educativa memorable que demuestra que la naturaleza es el mejor recurso pedagógico.