La última vez que vi a nuestro cuñado, hermano mayor de @aventurerasbike, hacía ya más de tres años. Nada especial, solo las ciudades donde residimos nos separan hora y media de distancia, con lo cual hacen de barrera para una relación más cercana. Por supuesto, una razón especial nos reunió de nuevo y ésta llegó en forma de una invitación, a un asado en su casa emplazada en los altos mirandinos. Nuestro hijo @stow01 lo había llamado para ver si podían compartir antes del próximo retorno a Noruega, por lo que todo derivó en las imágenes que acompañan ésta publicación. El cuñado pondría los acompañantes y el licor, nuestro grupo las carnes a ser asadas: Punta trasera, cerdo, pollo, chorizo, chistorras y morcillas fueron los protagonistas del encuentro.






Así las cosas, tomamos el volante de nuestro vehículo y nos acompañaron: Nuestras cuñadas Maura y Rosa, @aventurerasbike, @stow01 y éste redactor, para dirigirnos al punto de encuentro. Luego de salir de la autopista regional del centro (ARC) en el desvío de Tejerías, comenzamos a escalar hasta los altos mirandinos. Allí íbamos compartiendo anécdotas Maura y éste servidor, quienes de algún modo estuvimos relacionados con ese lugar de la geografía nacional. Música de tambores (Un solo pueblo) se dejaba colar en el aparato de audio de nuestro vehículo. El camino se nos hizo corto, dada la distracción producida por las conversaciones y ningún sobresalto en nuestro desplazamiento hacia allá. Llegamos justamente al rayar el mediodía. En la mañana temprano habíamos desayunado empanadas de cazón, cortesía de: Maura (el relleno) y @aventurerasbike (la manufactura). Deliciosas.







La casa del cuñado es del tipo colonial, sus muebles son un viaje a los años 80, donde tal estilo se puso de moda en aquellos años. Madera de altísima calidad adornan sus muebles y es un deleite visual la combinación de los juegos de sala, comedor, aderezados con un bar en madera con sillas y vista al jardín. Muy lindo. Atrás de la casa, tiene un espacioso patio y un asador de ladrillos junto a una mesa que puede albergar fácilmente una docena de personas cómodamente. El hombre encendió las brasas apenas llegamos y tenía un gran leño seco en la bandeja, el cual usó para ahumar las carnes con yesca de romero seco. Toda una delicia. Mientras, el escocés circuló como en los buenos tiempos (una vez al año no hace daño) y nuestro cuñado entusiasmó a las damas presentes cuando sacó una botella gigantesca de ponche artesanal (con su propia receta). Demás está decir estaba muy rico.






En lugar de la más tradicional mandioca (yuca) para acompañar el asado, nuestra cuñada optó por hallaquitas de maíz y una ensalada pico de gallo. La verdad, el cuñado lo hizo muy bien y la combinación de todo quedó exquisita. Anécdotas de los sobrinos y cuentos del pasado junto a las añoranzas, inundaron el ambiente de la fría tarde en Carrizal. Cerca de las 6 y 20 de la tarde fue el momento del regreso y entregué las llaves del coche a @aventurerasbike, dado que no nos gusta manejar cuando hemos ingerido alcohol. El regreso también fue muy relajado y por alguna razón me pareció más rápido que la ida. Fue una tarde mágica compartida en el calor de la familia y ojalá no nos tome tantos años volver a repetir la experiencia. Quedamos la próxima vez sería en casa. Y tú, estimado lector ¿os gusta el asado para compartir con vuestra familia? Los leo.

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