Hay una increíble necesidad en el último tercio de la zafra, donde los equipos peleando por un cupo, requieren de toda la concentración necesaria de sus peloteros. Se trata de hacer aquellos pequeños aportes, que aunque no se lleven las luces, suman un mundo en el resultado final del juego. Pongamos como ejemplo al maracucho Wilyer Abreu, quien en los últimos 15 juegos batea .196 (horroroso, menos mal que tuvo un arranque excelente y suma .292 en el AVE acumulado) y quien no iba a estar en la alineación de ayer. El hombre es zurdo y el lanzador abridor de los Reales también lo es. Para los menos duchos en la materia, los managers prefieren toleteros de la mano contraria a la del pitcher oponente. Bien, pero el reemplazo de Abreu en tal situación, no estaba listo para jugar por una contractura. Así, las cosas, pocos minutos antes del juego se enteró estaba en el line-up.


Y en los cuatro turnos del juego, solo pudieron sacarlo out una sola vez. Dos hits, una base por bolas, una carrera anotada y una impulsada sería un aporte interesante para quien no estaba en los planes de ser titular en el partido. Pero el asunto va más allá. En el séptimo episodio, Wilyer trajo la octava carrera a la registradora, en un partido que se encontraba 7-1 en ese momento. Cualquiera diría "juego en el freezer", pero no fue así. El carro de leña que son los Reales, montaron una celada abriendo el octavo episodio en Fenway Park y -de pronto- el juego se puso 8-5 (¿ve usted la importancia de esa carrera adicional en el séptimo?). Com hombres en primera y segunda, los Reales pusieron la posibilidad del empate en el home plate en la persona de Bobby Witt Jr., con lo que la amenaza era real e inminente. Witt larga una línea de hit a la banda contraria y la gente en Fenway retuvo la respiración. Abreu fildeó la bola y tiró a la goma, reventando al corredor y recibiendo una cerrada ovación al sacar el tercer out. 8-5 cerró el inning y el juego.


Mientras tanto, en la antigua capital de EE.UU., otro criollo ha vuelto al redil y entregó su segunda salida consecutiva de calidad. Jesús Luzardo parece haber dejado atrás el mal momento que le hizo perder cinco salidas continuas y demostró que solo fue una mala racha. Para ser justos, tampoco es que a los orioles de Baltimore les esté saliendo las cosas muy bien, pero triunfo es triunfo y va a la columna de partidos ganados en el balance general. Kyle Schwarber bateó dos jonrones (uno de ellos grand slam) para ayudar a bajar la presión en el venezolano, quien arrancó mal el juego concediendo res anotaciones en los 3 primeros episodios. Luego, apretó el brazo y terminó fusilando a 7 oponentes y espació 5 imparables (dos de ellos jonrón). Seis episodios completos sin más libertades hicieron que su efectividad siguiera bajando y se detuvo en EFE 4.32 (todavía alta para los estándares de la liga). Con el resultado, los cuáqueros mantuvieron el liderato en la división este de la liga Nacional.


Ilustramos nuestra nuestro trabajo de ayer, con la imagen de alguien quien también ha venido haciendo las pequeñas cosas, para irse consolidando como el titular de la receptoría de los Cardenales de San Luis. Yoel Pozo tiene esa concentración de la que hablamos en el primer párrafo. Anteanoche sacó out en segunda al rapidísimo Fernando Tatis Jr. en el mismo turno donde segundo después, Arráez continuaría su cadena de juegos seguidos dando de hit (anoche le cortaron la racha). Nadie pensaría que Yohel sería el héroe, pero en el octavo episodio del enfrentamiento contra los Dodgers en Los Ángeles con el juego empatado, Pozo largó un trallazo que trajo la carrera de una ventaja 3-2 que se mantendría hasta el final del juego. Sin duda, los Cardenales se niegan a morir, pero tienen que seguir jugando el resto del calendario como anoche lo hicieron. Están lejos del comodín, 5 juegos detrás. Milagros se han visto.
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