A lo largo de nuestras experiencias de viaje, pocas edificaciones nos han arrancado admiración. Obviamente, tiene mucho de influencia el hecho de haber visto demasiadas y nuestro carácter estoico respecto a la arquitectura. Es decir, tienen que ser edificios por encima del promedio para lograr una profunda impresión en este redactor. El Teatro Colón de Buenos Aires en la Argentina, es uno de esos edificios. Hasta allá nos trasladamos con el fin de hacer una visita guiada, la cual el turista puede adquirir en la web del teatro o directamente en las taquillas. El boleto tiene un costo de $ARS 22.000 para los foráneos y de $ARS 14.000 para los residentes con identificación (DNI). Ya hemos dejado claro nuestra intención de visitar aquellos puntos turísticos de la ciudad que por alguna razón no hemos visitado en nuestros dos viajes precedentes. Así las cosas, aquí les va:










Los detalles sobre su historia los pueden leer en Wikipedia donde hay un artículo extenso al respecto. La vida de ésta edificación tiene ya 116 años. Durante más de un siglo ha abrigado espectáculos de tres tipos: conciertos orquestales, obras de ballet y óperas. La acústica del teatro es considerada de nivel mundial. Al comenzar la visita te das cuenta inmediatamente que la edificación no es una más del montón. Su estilo ecléctico recuerda a un lugar similar conocido por este redactor: el salón de los espejos en el Palacio de Versalles. Tal ambiente nos retrotrae a los años dorados de las artes escénicas, donde no existía el streaming, ni los dispositivos móviles. El público se entretenía con la admiración hacia los grandes artistas por su performance.









Como quiera que sea, una visita a este teatro no deja indiferente a nadie, la mezcla de materiales originarios del viejo continente (mármol, azulejos, columnas) junto a materiales locales (fue una sorpresa descubrir que las paredes del teatro no son de mármol sino de estuco, un material que se obtiene con la mezcla de polvo de mármol, yeso y cal), devuelve una magnificencia como la observada en el "château" francés mencionado arriba. Los detalles en el acabado de las columnas, ornamentos y techo, además de la extraordinaria combinación con lámparas de luces multitudinarias hacen que el ojo del visitante aprecie el trabajo delicado de composición y manufactura de quienes obraron acá. Las escalinatas rematadas con exquisitos balastres de mármol hacen del conjunto una ensoñación. En fín, todos nuestros sentidos fueron retados con nuestra visita al teatro.










Un par de inconvenientes evitaron que nuestra ronda de imágenes fuera perfecta: la cantidad de autobuses turísticos estacionados frente a la fachada (lo cual no permitió una toma limpia del frente del teatro) y la prueba de luces de la sala principal (lo que impidió capturar toda la magnificencia del aforo principal, aún cuando la cámara del móvil nos permitió la imagen de portada de ésta publicación. La verdad, el teatro nos hizo recordar edificaciones de Francia y no tiene nada que envidiar a los grandes escenarios mundiales, reclamando un lugar propio, al ser el aforo de este tipo más grande de Sudamérica. Recomendamos @aventurerasbike y este servidor, evitar perder la oportunidad de hacer la visita guiada a ésta obra arquitectónica; cualquier expectativa que usted lleve será superada por lo suntuosidad y esplendidez del Teatro Colón ¿Cuál edificio visitado por usted, amado lector, le ha creado este tipo de impresión? Los leo en los comentarios.









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