Hace 15 días, escribimos un trabajo para el feed de @fulldeportes, donde enumeramos a los venezolanos presentes en la boleta de la BBWA para el salón de la fama. Una omisión no deliberada no fue corregida siquiera por mi más conspicuo lector, quien siempre nos ataja cuando cometemos un error involuntario: nuestro amigo @saavedraa. Y es que la omisión se trató nada más y nada menos que del ex-campocorto criollo Omar Vizquel, otrora defensor de los Indios de Cleveland, para quien jugó en sus mejores años. Una prolongada carrera de 24 primaveras de duración, también vio uniformarse a Vizquel con los Marineros de Seattle, los Gigantes de San Francisco (el único equipo de la liga Nacional para el cual jugó), Rangers de Texas, Medias Blancas de Chicago y los Azulejos de Toronto; la cual hizo que Vizquel fuera el epítome del atleta de hierro. Sus 2709 en el campocorto (líder de todos los tiempos), así lo confirma.


¿Cuales son las razones para que Omar sea elegible? Bueno, podríamos comenzar con su marca de fábrica: un porcentaje de fildeo de .985 que lo coloca como el mejor fildeador en esa posición en la historia del juego. Sin embargo, sus métricas defensivas no se frenan allí. Sus 1734 doble plays son la mayor cantidad para un campo corto en todos los tiempos. Para colocar en perspectiva sus logros, Omar solo pifió 183 veces en 22960 innings jugados, lo que da una idea sobre la decapitadora de batazos por el campo corto representada por el venezolano. Tampoco fue un out automático, sus 2877 hits es la 6ta. cantidad mayor bateada por un parador en corto, algo que puede parecer poco pero no deja de ser respetable. Para resumir, su defensiva y longevidad lo colocan al lado de los mejores campocortos de la historia.


Y ¿entonces? ¿Por qué no ha sido elegido en 9 años que ha aparecido en la boleta? ¿Qué pasó con Omar Vizquel para que hasta éste servidor lo haya olvidado como candidato al salón? Hay dos aspectos por los cuales se le ha dificultado escalar hasta Cooperstown: la ofensiva de Vizquel fue promedio en una época donde a los paradores en corto ya se les exigía contribuir con mejores números ofensivos. Le tocó jugar en un tiempo donde Cal Ripken Jr. y Derek Jeter brillaban con el bate, además, su OPS+ (una métrica para poder comparar el aporte con el bate entre jugadores de todos los tiempos) es incluso bajo comparado con la mayoría de los campocortos entronizados. Al jugar para equipos perdedores, tampoco logró hitos de postemporada (sólo asistió a dos series mundiales y su contribución fue nula) o marcas ofensivas que hicieran su caso más fuerte (3000 hits, por ejemplo). En fin, su caso pasa por una fuerte oposición entre puristas del juego quienes creen debió contribuir más con el bate.


Pero su verdadera cruz, proviene del aspecto extradeportivo. Entre 2011 y 2012, tuvo que lidiar con un par de problemas, quizás creados por él: Una acusación de acoso sexual proveniente de un batboy, cuando Vizquel ya era pelotero retirado y técnico de un equipo. El asunto pasa por una diferencia cultural, donde acá en latinoamérica tenemos maneras de jugarnos entre hombres, que son mal vistas por los americanos y eso le pasó factura. La otra acusación y ésta sí más grave, fue lanzada por su ex-esposa quien lo acusa de maltratos maritales, en plena época del #metoo. Y ambas afirmaciones han sido mal vistas por los electores del salón, quienes no solo ven lo logrado en el terreno de juego sino el comportamiento del pelotero fuera de él. Son las mismas razones que han impedido a otros peloteros acceder al salón, como Peto Rose o Barry Bonds, quienes también fueron acusados extra deportivamente y jamás verán su llama flameando en Cooperstown. De allí, el olvido por Omar Vizquel y pido excusas a mis lectores por la omisión. Los leo en los comentarios.
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