Leyendo las redes sociales es imposible no sacudir la cabeza de lado a lado. Por supuesto, la "democratización de la ignorancia" es un hecho y jamás puedes combatir tal realidad, dejando la boca cerrada o -como en nuestro caso- intentar escribir algo medianamente digerible sobre la supuesta "Serie del Caribe" que se escenifica en México. Y hablamos de supuestos porque un evento llamado así, al cual no asistan Venezuela, Cuba, Colombia y Nicaragua (solo por poner algunos nombres), debiera llamarse de otra manera. Para colmo de males a los genios del lado venezolano, se les ocurrió organizar el "Torneo de las Américas", un campeonato con un nombre mucho más aspiracional, pero al cual no asisten las principales potencias del continente (llámese Estados Unidos, Canadá o la República Dominicana, por colocar algunos ejemplos). Da risa ver el monumental "Simón Bolívar" vacío, demostrando la falta de interés y rentabilidad del torneo, cuando la verdad ha sido un experimento que jamás debió darse.

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Y ¿Por qué hablamos del "ocaso caribeño"? La serie del caribe nació hace muchos años con la idea de enfrentar a los campeones de cada torneo de pelota invernal, desarrollado por los países afiliados a la MLB. Ya de entrada hay restricciones para traer equipos a disputar esta serie. Aquellos países que no tienen ligas organizadas o las tienen, pero son consideradas de niveles menores a doble "A", no tienen boleto para asistir. En el caso de Cuba, ha sido el componente político el que ha impedido a la isla competir. Dicho esto, se formó la Confederación de Béisbol del Caribe, un organismo para hacer contrapeso a las oficinas del comisionado de la MLB, muy dada a restringir a los peloteros naturales de los países afiliados (Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela), a jugar en los campeonatos locales. A partir de allí, comenzaron a tener un poder enorme y a regular quienes jugaban en la serie del caribe.


Y por un tiempo todo funcionó a las mil maravillas, pero cuando empresarios de Miami empezaron a meter las manos en algo que ya funcionaba, comenzó la debacle. La serie era rentable y la confederación crecía en prestigio, al punto de invitar países fuera de la confederación, quienes completaran el cuadro de competición. Y así fue como Cuba, Colombia, Panamá, Nicaragua y otras naciones fueron invitadas a competir de cuando en cuando. Pero bastó que los derechos de organizar la serie la compraran por tres años, unos empresarios miamenses y todo se vino abajo. Las razones no podría explicarlas, porque tenía sentido jugar en un lugar neutro y con éxito de público relativamente asegurado, pero fue a partir de allí que las cosas se degradaron. Parte del problema tenía que ver con el país anfitrión, si el conjunto representante no llenaba las expectativas del público, los tickets (carísimos, por supuesto) no se vendían. Con ello se ocasionan pérdidas a quienes se arriesgan a organizar.


Muchas otras razones, como la restricción de jugadores firmados en las mayores, quienes al terminar los campeonatos locales, son obligados a descansar antes de los entrenamientos primaverales. Por ello, no tienen permiso para asistir a la serie y los equipos campeones se ven obligados a reforzar los rosters con jugadores que no atraen público. Otro ejemplo para el fracaso: la actual serie tendrá en la final a dos equipos mexicanos. Algo que no podría pasar si el formato del campeonato se respetara. Sí, es verdad que la intervención militar en Venezuela impidió la organización en el país, donde en principio estaba programada la serie. Pero al mudarla, debieron conservar el formato e invitar a Venezuela, quien finalmente reactivó los vuelos luego de la intervención (o se pudo haber transportado el equipo en un avión fletado). Pero no, los ejecutivos del Caribe prefirieron dar una estocada a la serie y nadie sabe, si ésta última será mortal. Los leo en los comentarios.
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