En latinoamérica hubo un tiempo donde el oficio de "escritor" era sinónimo de "vago", "comunista", "artista fracasado" y un sin fin de epítetos increíblemente injustos para con quienes soñaban con el arte de la palabra. Lo he contado otras veces, cuando mi padre se enteró de mi sueño de ser escritor, estuvo largo tiempo con la actitud de lavar mi cerebro porque "eso no da para comer". Y es verdad, quizás sea una de las profesiones menos remuneradas, lo que obliga a quien se dedica a ella buscar diferentes fuentes de ingresos. Las cosas cambian cuando usted se convierte en un laureado novelista, pero para la mayoría dedicado a esto, hay una zona real de cuasi "sobrevivencia" si solo se dedica a escribir. No sé, en realidad, como ven al escritor hoy día ¿La razón? Basta que usted diga "soy creador de contenidos" para que te miren con cierto respeto ¿Será genuino? Imposible saberlo porque usted no está dentro del otro para saber lo que piensa.


El caso nos viene a la mente por una pausa obligada que tuvimos el fin de semana recién finalizado, donde nos desplazamos de ciudad desde el viernes hasta el domingo, para celebrar el día del padre en La Guaira, Venezuela. Por supuesto en estas reuniones familiares nos reencontramos con amigos de la familia que desean saber lo que ha sido de tu vida y la pregunta que titula éste post no pudo fallar para comenzar conversaciones. Ciertamente una mezcla de incredulidad (al menos percibida por mí) con estupor, era lo que se le dibujaba en la cara a las personas. El paso de los años os entrega la suficiente experiencia, como para sentir tales reacciones atravesando el rostro de vuestro interlocutor. Cuando me adentraba en la explicación de lo que hacía, poco a poco se les relajaba el rostro, no sé si en plan de condescendencia o de admiración. Lo cierto del caso es que pareciera, hoy día, todavía existe cierta resistencia del latinoamericano promedio en ver a lo que hacemos como una "profesión seria"


Hace más de ocho años, si no hubiera conocido a HIVE, quizás habría regresado con la cola entre las piernas a trabajar en el grupo de empresas familiar. Pero ya me sentía agotado de dirigir gente. Y en Venezuela, donde el clima empresarial es hostigado por el estado, mucho más difícil es dedicarse a gerenciar que ser escritor. La facilidad con la que nos adaptamos a nuestra comunidad global, nos impuso una especie de freno, dado que un público cautivo acogió nuestros escritos. Comenzamos a "viajar" desde una silla fija, a través de varias culturas y a tejer una red de amistades que con el tiempo fuimos conociendo personalmente. Por supuesto, también tuvimos sinsabores aderezados bien por nuestra manera vertical de ver las cosas o bien porque usted no es moneda de oro para todo el mundo. Pero cuando saco un balance de sumas y restas, es indudable hacia que lado de vida se ha inclinado la balanza de pertencer a nuestra comunidad global.


Con HIVE hemos viajado, hemos creado, maduramos como redactor y potenciamos nuestros talentos por las letras, nos entregó la oportunidad de representar a la comunidad en eventos alrededor de latinoamérica y lo más importante, ayudó a crear lazos de aquellos indestructibles. Porque si hay algo increíble que contar sobre nuestro rincón en la web, es que quienes pertenecen acá, hablamos un idioma que sólo sabe reconocer quien hace vida en HIVE. Nada de eso fui capaz de explicarle a quien me hizo la pregunta que encabeza el título de éste post ¿Por qué? Jamás lo entendería. Y la verdad, me reuní para pasar un rato diferente y hacer un "brake" necesario. Pero hoy día, ante la pregunta sobre lo que andamos haciendo, no nos tiembla el guarapo para responder somos creadores de contenido en una comunidad global llamada HIVE. Fue la que nos bautizó como escritor y han sido los lectores quienes nos entregaron un puesto en el universo de las letras. Y eso debe ser motivo de orgullo, jamás de otra cosa.
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