En lo que fue una verdadera felpa, los Navegantes del Magallanes hicieron honor a una temporada para la historia, cuando arrollaron anoche a los Caribes de Anzoátegui por marcador de 14 carreras a 6 y ganar por decimocuarta ocasión el campeonato de la liga venezolana de béisbol profesional (LVBP). Un título para la historia por la cantidad de vicisitudes sorteadas a lo largo de la liga: venir desde el último lugar cuando tuvieron el cambio de manager a mitad del campeonato (Yadier Molina) y escalar hasta la segunda posición para clasificar al round robin; luego, venir de atrás en el todos contra todos, cuando tenían balance de 1 ganados y 5 perdidos, a falta de 10 juegos por concluir la ronda y empatar el primer lugar de la tabla, al finalizar para conseguir el cupo a la final. Por último, ganar de visita en Puerto La Cruz los dos primeros de la final, para regresar a Valencia y perder el tercero. Pero la determinación hizo que se llevaran el cuarto y el sexto juego para coronarse en el Alfonso "Chico" Carrasquel.

Fue una noche con un colofón increíble: 13 hits produjeron 14 carreras, con un quinto episodio donde el juego estaba equilibrado y cuando emboscaron a los indígenas con un ataque de siete carreras, para asegurar el banderín. En lo que fue un calco de la temporada, 16 lanzadores pasaron por el morrito para intentar controlar a los oponentes, donde el bullpen turco sacó la mejor parte tal y como fue en la ronda eliminatoria. Rougned Odor fue la pesadilla ofensiva que los caribeños no pudieron controlar, cuando bateó de 5-4 incluyendo un cuadrangular, trayendo 5 compañeros a la goma. Tucupita Marcano Jr. y Renato Núñez complementaron la ofensiva filibustera impulsando dos carreras cada uno. En fin, una máquina aceitada ante la cual, los Caribes de Anzoátegui no tuvieron ninguna oportunidad, a pesar de haber ganado el tercero y el quinto juego, lo que obligó a regresar la serie a su ciudad.

¿Por qué un campeonato ensombrecido? Bueno, digamos que a un "genio" dentro del equipo, decidió estampar una franela conmemorativa del campeonato con la frase "Somos el hampa", un detallazo que hizo reventar la polémica en redes dentro de propios y extraños. El vocablo "hampa" es usado para referirse a un grupo reunido en banda para cometer actos ilegales. Nada más alejado de la imagen en un equipo deportivo, el cual debe dar el ejemplo a la juventud y a los niños. Muchas personalidades, ex-jugadores históricos y fanaticada en general, estalló en improperios para condenar la "genialidad" del mercadotécnico de un conjunto histórico en la pelota venezolana. Si de algo estamos hartos los venezolanos, es de la glorificación de comportamientos al margen de la ley, impulsado por aquel nefasto personaje innombrable quien como presidente espetó: "robar no es malo" Bueno, el hartazgo de la sociedad criolla y la reacción ante la barrabasada en la franela, dice mucho de una Venezuela a punto de nacer.

El premio "Robert Pérez" al jugador más valioso de la final, fue para el refuerzo caraquista (algo por demás poético) Leandro Cedeño, quien se destapó a batear en seis partidos reuniendo 4 cuadrangulares y rompiendo el registro de carreras empujadas en ésta etapa con 14 rayitas. Un jugador que fue subestimado por el manager de los Leones del Caracas José Alguacil (a quien podemos darle parte del crédito por el campeonato del Magallanes, dadas sus desacertadas decisiones en la serie particular), deja claramente establecido que pudo contribuir más que otros en la alineación capitalina. La justicia divina se encarga de poner todo en su sitio. El Magallanes es un justo campeón, porque se basó en un principio que jamás debe ser dejado de lado cuando se conforma un equipo de pelota: reunir un excelente cuerpo de pitcheo. Y he aquí que la nave turca lo logró. Leo vuestros comentarios.
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