El frío otoñal cala hasta los huesos en la hermosa Buenos Aires. Para un caribeño acostumbrado a vivir en una ciudad donde la media del termómetro marca 30°C, resulta todo un desafío despegarse de las sábanas para ir a entrenar y más, si vuestra pareja te está abrazando bajo las cálidas cobijas protectoras de la noche. En fin, a lo hecho pecho y enfrentar a los demonios internos; aquellos que os susurran al oído: "¿Para qué vas a ir a entrenar?" "¿No sientes el gélido frío que está haciendo?" "Quédate en cama, ayer ya fuiste a nadar" Afortunadamente, el angelito bueno se sobrepone al ataque y tomamos nuestro bolso, nos colocamos la chamarra hasta que nos tapa la garganta y salimos a caminar las seis cuadras que nos separan del Club S. y D. Estrella de Maldonado, en el barrio de Palermo.


Las noticias para éste servidor llegan una tras otra, la dinámica de la vida argentina es increíblemente enriquecedora y las oportunidades están por todos lados. Es posible que quienes no me conocen bien, crean que pecamos de optimistas, pero la verdad es que tenía muchísimo tiempo desde cuando una sensación de bienestar conmigo mismo no se instalaba bajo el alma de éste redactor. Como quiera que sea, viejos hábitos son difíciles de desaparecer, el despiste es uno de ellos. No sé si es que tomamos la vida con mucha intensidad, pero soy muy descuidado con las cosas materiales. Por ejemplo, la chamarra que me protegió en el tránsito de 6 cuadras hasta la pileta, la dejé olvidada en los bancos donde coloco mi bolso cuando entro a nadar.


Pensando en quien sabe que, luego de terminar nuestra sesión dentro de la piscina, la he dejado abandonada y entramos al baño a cambiar el traje de baño por la ropa diaria. Cuando estaba abriendo el bolso, reparo en el olvido de la chamarra. Me resigné y nos dispusimos asear nuestro cuerpo, pensando en cuales de las cosas claves había dejado dentro de los bolsillos. "Picado de culebra", tenía el miedo irracional de que no apareciera ¿Será la billetera? ¿El móvil? o ¿Las llaves del departamento? Angustiado, nos secamos el cuerpo, abrimos el bolso y checamos: cartera y móvil estaban allí. Nos faltaban las llaves que abren el AirBnb rentado. Terminamos el acicalado y nos regresamos al recinto deportivo ¡Allí estaba la chamarra! Justo en el sitio donde la había dejado y con las llaves dentro. Alivio total.


La actividad de networking ha estado fuerte, llevándola a la par de nuestras diligencias para radicarnos acá en la Argentina, decisión definitivamente tomada en vista de las realidades presentadas a éste servidor. Cuando toda persona le llega su momento, se enfrenta a una encrucijada difícil de evadir y tiene que tomar decisiones que le afectarán el resto de su vida. Me ha sucedido dos veces y con la dolorosa renuncia temporal a mi país, cuentan ya tres. Algún día les contaré sobre las otras dos, pero lo importante de la oportunidad que nos ocupa es: jamás un hombre sensato debe perder "momentum" cuando las ocasiones se presentan. Como dice los juramentos solemnes "de no cumplir con vuestro deber, que dios y la patria os lo demanden" Y como colofón, continuaremos en la Argentina hasta que la vida nos guíe por otros derroteros.
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