El título de nuestra crónica ensalza la opera "Evita", sobre la controvertida ex-líder de aquel país y podría atribuirse plenamente a la imagen principal que acompaña nuestra publicación, donde un rostro adusto del atribulado Lionel Messi extravía su mirada en el horizonte en pleno acto de entrega de la Copa Mundial FIFA a sus contrincantes españoles. ¿Y por qué pierde su mirada, si el podio se encontraba justo a su espalda? No soy quien para juzgar a nadie y mucho menos sus actos. Algún tipo de agravio en la cancha tuvieron que haber pasado para que los ex-campeones rechazaran el "pasillo" que les brindaron los nuevos reyes del planeta o de no ser así, un sentimiento de frustración enorme por algo que para ellos pudo ser pero no se dio. En cuestiones de ética, los seres apasionados no andan con medias tintas y a los Argentinos jamás se les puede acusar de racistas (me consta) pero sí de ser muy apasionados cuando de fútbol se trata. Y he allí el meollo del asunto, entre puñetazos pospartido y espaldas a lo que pudo ser su destino, los gauchos dejaron que el material para opinar, creciera sin ton ni son.

¿El trámite del partido? Una Argentina completamente desconocida, la cual no pudo siquiera disparar al arco dentro de los 90 minutos de juego. Un "Dibu" Martínez parando todo y evitando un papelón de marca mayor. Una España pródiga en todas sus líneas, dibujando cual artista figurillas con el tránsito del balón frente a sus rivales y creando muchas ocasiones de peligro no convertidas en goles. ¿El arbitraje? Mejor ni opinamos porque fue algo que la FIFA quedó a deber con VAR y todo. El juego a prórroga y ya sabemos como estalló el cielo de Nueva York cuando Ferrán mando la pelota a la red, tras un concierto divino de poesía ofensiva. ¿Un justo campeón? Hay que ser un desconectado de la realidad para no reafirmar que España jugó mejor y ganó bien. 16 títulos en 5 años para la furia española (incluyendo categorías femeninas) tienen en el cénit del campeonato mundial su traducción perfecta.

¿Lionel Messi mereció un mejor final de su carrera? Bueno, como están la cosas atleticamente evolucionando, nunca nos atreveríamos asegurar que ha sido su última copa. Pero si lo fue, jamás se le puede acusar de haber propiciado la derrota. Como aclara mi estimado @palabras1: "Los campeones también pierden" y tal vez sea Scaloni el único culpable por no haber podido superar tácticamente a una España muy superior. Es el trabajo de un DT. Punto. Messi lo dio todo y se comportó como la leyenda que es. Si no anotó goles en la final, fue porque el conjunto completo falló en proporcionar oportunidades para que él vacunara a los españoles. Porque en el resto de los partidos a excepción de la final, Messi siempre figuró, bien sea en el marcador o asistiendo como lo ha hecho siempre. ¿Se le puede pedir más? Éste cronista dejará que la pregunta flote y sean los Argentinos quienes la respondan. Si usted mi amado lector desea responder, puede usar el espacio para tal fin debajo de ésta crónica.

Siempre he pensado que los campeones en cualquier deporte, están iluminados por el destino para brillar y ser ejemplos, de jóvenes promesas emergentes que seguirán sus pasos. De allí, el porqué las acciones dentro y fuera del terreno dicen mucho de la estirpe y el don de gente, de quienes son coronados. Pero también es cierto: jamás se puede atribuir la pérdida de sindéresis de unos pocos en detrimento de todo un equipo o de un país. Que usted no estuviera de acuerdo con la manera de proceder de la FIFA respecto del conjunto argentino, nunca le permitiría bajar el mazo de la justicia para ir en contra del equipo. Hay que apuntar al culpable (FIFA) y no a quienes juegan. De ellos no es la responsabilidad de que se imparta justicia en el terreno. Es por ello que bien podemos completar la frase que titula nuestro post. A un Messi susurrando "No llores por mí, Argentina", bien podría culminar balbuceando: "Yo me encargo por vos"
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