Recuerdo con mucho cariño, los entrenamientos en la piscina del complejo deportivo "Teo Capriles" ubicado en la parroquia La Vega de la capital de Venezuela, cuando mediaba nuestra niñez. Había razones para estar feliz, dado que era una hora de ejercicio en un medio acuático, donde me sentía a gusto a pesar de las pesadas bromas de los compañeros. Se sabe lo cruel que pueden ser los niños a veces; no obstante, había aprendido hacer caso omiso en el colegio ¿Para qué amargar aquellas estupendas tardes de entrenamiento? Habían horas específicas para cada grupo de edades que, una vez superada la etapa de aprendizaje, se convertían en grupos de acuerdo a los tiempos conseguidos. Era la manera como la escuela pretendía la igualación, de tal manera de evitar la frustración, de cara al futuro. Debo agregar que aquella pileta tenía el grupo más numeroso de atletas alimentando la selección nacional de natación.


Uno de los momentos más esperados en la semana de entrenamientos, eran los días viernes, cuando mediaban los últimos 15 minutos de clases, la piscina se convertía en un pandemonium de gritos y risas ¿La razón? Abrían la sección de saltos ornamentales para que los alumnos de la escuela, saltaran al agua desde los trampolines. Por supuesto, había quienes tomaban la concesión con mucha seriedad, pero la mayoría de nosotros aprovechamos aquel tiempillo para relajarnos, brincar cada mortal que se nos ocurría y compartir con los demás niños. Fue allí donde nos enamoramos por vez primera, fue en esos días donde la vida parecía un juego. Y son momentos que jamás regresan, porque la vida no se trata de juegos, se trata de algo un poco más serio. Vale decir que siempre llevo conmigo el candor y la felicidad de aquella época. Quizás por ello mismo es que nos gusta tanto nadar.


Recuerdos aparte, el día de ayer tuvimos una sesión demasiado buena. Tan solo 48 horas antes habíamos escrito sobre un nuevo registro en la pileta del club "Casa Los Andes" y en aquella publicación, nuestro editor @hosgug nos comentaba que esperaría nuestra crónica sobre el registro de la hora contínua de nado. Recuerdo leer sus palabras con incredulidad, habida cuenta de mis lentos progresos en los tiempos y los espaciado de un logro a otro. Hay que aclarar que estando en la Argentina lo había logrado, pero el parón de tres meses del año pasado, nos hizo retroceder mucho en lo que habíamos podido marcar. De allí nuestra incredulidad cuando leí a Héctor. Ayer, nuestra hermana menor cumplía años y nos retamos a superar nuestro registro personal de natación contínua, como una manera de rendirle homenaje a la distancia ¿Por qué?


Digamos que fue una manera de honrar a la mejor nadadora de la familia. En efecto, Carolina se cansó de ganar campeonatos, pero no llegó a la selección porque nuestros padres la alejaron de las piletas. Nada que no fuera estudiar, podía llevar más tiempo que la formación educativa y ya sabemos cuantas horas de entrenamiento diario debe tener un atleta cuando va acometer un ciclo olímpico. Así las cosas, nos echamos a la piscina hacer ese extra que nos encaminó a marcar una hora, seis minutos y 56 segundos de nado contínuo. Fue un esfuerzo muy grande y terminé exhausto. Una vez en las duchas, una presión en el pecho nos recordó moderar los esfuerzos, pero ya el registro había quedado allí. Más de 800 KCal quemamos en una sola sesión, pero la verdad, no sé si lo vuelva a intentar. Pareciera que nuestro cuerpo se siente más a gusto con los 50 minutos alcanzados. Veremos en los próximos días, el mejor tiempo para no volverme a sentir como en las duchas ayer. Leo vuestros comentarios.

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