El hombre encendió el motor de su vehículo mientras pensaba la ruta para dirigirse al club esa mañana. Colocó la reversa para sacar el automóvil del aparcamiento casero y enrumbó la marcha por la avenida principal, deteniendo el avance en la rotonda cuando la luz cambió a rojo. El día estaba soleado y espectacular para nadar, un entrenamiento que el tipo religiosamente hacía al menos dos veces por semana. La luz cambió a verde y miró hacia la avenida cuando comenzó a rodar. Al fondo, nubes gris oscuro oteaban las montañas del piedemonte aragüeño, sin embargo, el hombre jamás creyó que tal condición climática impediría su entrada a la piscina. Estaban demasiado lejanas. Cruzó a la altura de la calle donde estaba ubicado el club y se detuvo para identificarse en la entrada. El guardia malencarado le dejó pasar cuando estuvo satisfecho con la identificación. Algo que sorprendió al tipo fue ver el aparcamiento vacío, pero por la hora (11:00 a.m.) supuso era normal nadie estuviera allí.


Caminó hacia la entrada, se volvió a identificar a las puertas de la instalación y se dirigió a la piscina. Nadie estaba allí. Ni siquiera el salvavidas. Encogió los hombros, se desvistió y se duchó antes de entrar al agua. Saltos de calentamiento con el consabido estiramiento para precalentar los músculos, precedieron al arrojarse dentro de la piscina. El tipo se encontraba feliz por su suerte, le gustaba la soledad de la piscina a esa hora por dos razones: no tenía que desviar su trayectoria dentro del agua por culpa de alguna persona distraída y el agua se mantenía muy límpida dada la ausencia de nadadores. Estilo libre y sin detenerse, las brazadas chocaban con energía en el agua y las respiraciones se sucedían rítmicamente una tras otra. La lluvia de pensamientos invadía su talante: "Ojalá todo salga bien" pensaba, respecto a un viaje de negocios que le desplazaría al oriente del país por carretera la semana próxima. "Aún no me depositan el dinero", lamentaba para sus adentros mientras las burbujas formadas por sus exhalaciones, reventaban dentro del medio subacuático.


En una de las vueltas para retomar el nado, escuchó a lo lejos un poderoso trueno y pensó tal vez había sido muy optimista respecto a que no llovería. No le importó. Al final de todo, era feliz por el solo hecho de nadar. Pensaba en ese momento, era un milagro poder gozar de buena salud luego de años de descuido con su cuerpo. Las patadas en el agua eran cónsonas con la energía sentida por el hombre. El agua saltaba en el aire empujada por el vigor de las piernas. De pronto, el cielo oscureció y por alguna razón extraña, el hombre se sintió acechado dentro del agua. "Por favor, es imposible" pensó. El corazón le comenzó a latir más rápido pensando en lo extraño del sentimiento, pero vívido a la vez. A los 1200 metros braceados aproximadamente se detuvo (nunca lo hacía), necesitaba checar con la vista no había nadie, ni nada, en el agua con él. Era una piscina de cinco carriles y 25 metros ¿Quién o qué podía andar por allí que le estuviera acechando? Creyó estaba paranóico, cruzó la vista por la alberca y se dio cuenta que estaba solo, aún cuando el cielo se había encapotado de un gris aterrador.


Retomó las brazadas sin prisa pero con el sobresalto y la sensación de observación ajena, a pesar de su soledad confirmada. 200 metros más y algo rozó sus pies. "¿Qué mierd..?" Se detuvo y giró el cuerpo en el agua en varias direcciones, oteando la vacía piscina. Metió la cabeza debajo del agua he hizo la misma confirmación: nada. "¿Quién me tocó, coño?" exclamó para sus adentros el tipo. Pensó seriamente en salir del agua, pero le faltaban cuando menos unos 15 minutos antes de terminar el entrenamiento. A pesar del terror dentro de su cabeza, se llenó de valentía. Se dijo a sí mismo nada podía pasar, estaba sólo y sus ojos lo habían confirmado. Un destello, surcó el cielo en forma de rayo y estalló en la montaña justo detrás del club y el trueno le indicó era hora de salir. Cuando nadaba hacia la escalera del borde, algo le haló desde abajo y las burbujas provocadas por su respiración debajo del agua, se tiñeron de rojo. Nadie pudo explicar al día siguiente cuando apareció en los diarios, como un hombre se había desangrado en una piscina.
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