El drama jamás pudo ser mayor y las grandes ligas se preparan para mirar ésta noche, la cota máxima de juegos al que se puede aspirar con el fin de ganar un título de serie mundial. Y es que los Dodgers lograron empatar la serie a base de la única arma que les ha sido efectiva durante ésta postemporada: el pitcheo abridor. En efecto, teníamos tiempo sin ver un clásico de otoño donde los lanzadores hayan sido tan determinantes, salvo en el primero de la serie donde los Azulejos se destaparon a batear. Y si no lo creen, vean solo las estadísticas de anoche: 8 hits de los Azulejos, solo una carrera; 4 hits los Dodgers y apenas 3 carreras (sí, fueron más productivos los incogibles esquivadores). Revise usted todos los box-scores de los 5 últimos juegos y podrá reparar en lo que le estamos asegurando. Como quiera que sea, si usted batea un solo hit habiendo tenido 9 hombres en posición de anotar, simplemente su equipo es culpable de no hacer el trabajo. Punto.


Por supuesto, hubo otros factores. Una defensiva impecable, por ejemplo. El utility venezolano Miguel Rojas tenía tres semanas sin iniciar un juego. Ante la desesperación por la poca ofensiva y con el fin de asegurar el marcador con el menor número de carreras posible otorgadas por falta de defensiva, Dave Roberts tomó la valiente decisión de alinearlo. Y Miguel respondió. No fue ofensivamente porque de hecho se llevó un chocolate y falló en tres turnos. Pero a la defensiva, demostró el porqué es finalista al guante de oro Rawlings 2025. En los lances que participó, hubo 4 donde su guante fue providencial, incluyendo la jugada del cierre del partido donde dobló al corredor de segunda ante tiro de "Kike" Hernández desde el outfield al atrapar de aire una línea de Andrés Giménez (la cuál llevaba etiqueta de hit antes que el jardinero la decapitara corriendo hacia adelante). Una poesía con el guante sobre el engramado.


Mookie Betts (con promedio de .160 al llevar acumulado antes del juego de 42-6), finalmente contribuyó a la ofensiva impulsando dos de las tres rayitas angelinas. Yoshinobu Yamamoto fue la piedra angular del triunfo al tirar pelota de 5 hits y una carrera permitida en seis episodios completos con 6 guillotinados. Lo más crucial fue haber obligado a los contrarios a batear para un par de doble plays que acabaron con amenazas de carreras. Con su EFE. 1.56 en 15 episodios despunta como el MVP de Los Ángeles, en caso de que los esquivadores se coronen hoy ¿La razón? Ganó el segundo partido de la serie para empatarla en aquel momento, volvió para ganar el sexto y dejar con vida a su equipo, además de haber tirado 15 episodios de apenas dos rayitas ¿Más argumentos, acaso? ¿Quién más podría disputarle tal privilegio? (Si piensa que hay otro jugador angelino que lo merezca, consigne su opinión en los comentarios).


Hoy terminará todo. Vaya que ha sido un largo y emocionante camino. Muchas veces hemos escrito lo increíble de presenciar historia a través del juego de pelota del momento; sin embargo, un partido como el de anoche no despertó aquella sensación descrita en nuestro párrafo anterior, quizás porque secretamente deseaba ver a los canadienses remontando el marcador tanto como los había visto innumerables veces a lo largo de la temporada. Pero una cosa es el deseo y otra muy diferente la realidad. Cuando hoy en el Roger Centre de Toronto se cante la voz de ¡Play ball! y comience el séptimo juego de la serie mundial, muchas almas estarán en vilo para ver cual de los dos equipos de su preferencia se corona. Y de eso se trata el deporte del bate y las pelotas, entregar una posibilidad de distracción ante un mundo convulsionado y necesitado del bálsamo correspondiente a batallas sin armas, corazones palpitantes y resoluciones sin muertos. Nos leemos por allí.
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