En la introducción de la obra "Ilusiones" del gran novelista norteamericano Richard Bach, hacía él la apología de un "espíritu" que le agarraba por el cuello, lo sienta forzadamente en un escritorio y le espeta: "No te pararás de ahí hasta que escribas algo sobre mí". Y pareciera, querido lector, que ese mismo "espíritu" nos acecha. Es decir, pensé nuestro papel silente como un aporte a no seguir agregando más angustia a las horas menguadas que vive Venezuela, luego de los dos enormes movimientos telúricos que nos afectaron el miércoles 24 de Junio a las 18:04 (ET). Por ello apenas hice referencia a él en nuestra crónica beisbolística acostumbrada, sin embargo, conforme han pasado las horas y la magnitud del desastre ha quedado al descubierto, el "espíritu" referido nos ha regañado y nos ha pedido: "saca las palabras que pasan por vuestra cabeza". Si, lo admito, puede parecer un ejercicio egoísta de nuestra parte, pero muchos psicólogos aseguran que compartir vuestra palabra de aliento en tales circunstancias, os puede ayudar a salvaguardar vuestra propia salud mental. Eso se llama empatía y resiliencia, una materia prima criolla que enorgullece nuestro gentilicio.

Nos hemos mantenido en casa, porque se nos pide no circular en las calles, dada la movilidad necesaria para los equipos de rescate. El "gobierno" decretó zona de desastre el territorio del estado La Guaira (antiguo estado Vargas) y la cifra de fatalidades ha ido escalando desde un centenar y se piensa será finalmente de miles. Los heridos ya escalaron a más de 2000 y se cree una cifra de cinco dígitos cuando las cuentas culminen. Varios factores influyeron para que la cifras sean desastrosas, entre ellos están: era un día de asueto patrio (por lo que muchas personas estaban en sus hogares), dos ondas expansivas relativamente superficiales combinadas con separaciones de 35 a 40 segundos entre ambas (lo que provocó que lugares lejanos al epicentro se sacudieran como si hubiera sido un solo movimiento) y, por último, la falta de personal de emergencia para la atención inmediata de desastres (cuestión hecha patente con el pasar de las horas, lo que dificulta el rescate rápido necesario cuando las personas están heridas bajo escombros). El último seísmo de gran magnitud en el centro del país, ocurrió en 1967, por lo que ya el tiempo de acumulación de energía en la falla de Boconó se había vencido.

Nuestra casa es de una sola planta y fue construída en la década del 70', por lo que las regulaciones antisísmicas de la época sirvieron para que no sufriera. Pequeños daños en la mampostería y un susto enorme, fueron las únicas consecuencias sufridas. El terremoto nos sorprendió en el sofá del "family room" y al saltar del mueble para escapar, no pudimos mantener nuestra verticalidad sin pegar nuestra de espalda a la pared. No había forma de correr sin caerse, así que contra-intuitivamente, solo nos quedó el recurso de la inmovilidad y desear que la integralidad de la casa se mantuviera. Poseemos lámparas de cable largo en la sala principal y los vaivenes de éstas fueron en un péndulo pronunciado, por la energía disipada. La verdad, fue un verdadero milagro que no cayeran al piso. El rugido de la tierra es algo difícil de describir e indefectiblemente inolvidable. En ese año 67' estaba demasiado pequeño como para recordar el terremoto, lo único que está en mi memoria, es que no pudimos pasar la noche en un edificio derrumbado. Así que estamos contando por segunda vez una experiencia parecida, de puro milagro.

Las imágenes que adornan nuestro post, son cortesía de la BBC y corresponden a edificios derrumbados en Caracas. ¿Qué se puede decir en un momento como éste? Es decir, Venezuela ha sufrido 27 años de un régimen completamente a espaldas de la sociedad, muchas de las carencias actuales fueron provocadas por quienes ejercieron el poder (y todavía desean mantenerlo). Leí por ahí en las redes sociales que si faltaba un clavo para en cambio permanente era un desastre natural como el acontecido, pero nos parece una estupidez mezclar política con algo fortuito de un capricho natural y científico. Lo conducente es estar al lado de aquellos quienes sufrieron pérdidas humanas, porque una vida nunca se recupera una vez apagada. Nuestro dolor al obligarnos a escribir solo se mitigará, cuando las cientos de familias puedan llorar a los suyos y tal desahogo les entregue la paz necesaria para continuar. Sí, Venezuela está de luto por miles de almas perdidas en una de las mayores catástrofes sucedidas dentro de nuestras fronteras, desde los deslaves de Vargas en 1999. Nuestra palabras de aliento y esperanza a todos nuestros coterráneos. Valor y fuerza, carajo.
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