Así se llamó una campaña publicitaria en la Venezuela saudita. Aquella donde el desprecio por lo nuestro llegó a tal punto, que los venezolanos no se hallaban viajando dentro de nuestras fronteras sino -aupados por lo barato del dólar- los invertían en otros destinos allende la patria de Bolívar. "Un país para querer" impelía al criollo escoger destinos turísticos nacionales por sobre los extranjeros y la manera como eran compartidas aquellas imágenes, nos motivó a conocer nuestro país de punta a punta. El nacionalismo es algo venido a más ahora forzosamente, cuando cientos de miles han tenido que abandonar Venezuela en busca de oportunidades no ofrecidas acá y la consabida consecuencia de amor al país por aquello de que "cuando lo tenemos todo, no sabemos apreciar" En fín, la idea de titular ésta publicación con aquel lema, tiene que ver con nuestro regreso a la "tierra que nos vió nacer y que nos cubrirá después" (Rubén Blades dixit).


Sentimientos encontrados han sido los últimos momentos en la Argentina y los primeros momentos acá. Se pregunta uno porqué la humanidad no se ha puesto de acuerdo, para brindar únicamente al ciudadano de a pie lo mejor de cada país. Es un exabrupto poner en letras una premisa tan idealista, pero no deja de ser un ejercicio justo para quienes día a día luchan por un mañana mejor. También, hay que colocar en perspectiva que las sociedades obtienen de sí, aquello que construyen con tesón y amor. A veces las realidades que se tienen se merecen. Así de simple. Sin embargo, ustedes no nos están leyendo para condolerse con nosotros o de nuestro idealismo. Se quieren enterar de primera mano, cómo es que hemos decidido regresar si es que nos fue tan bien en la Argentina. El chisme, pues.


Y aquí les va. Enamorado de aquel país como me encuentro, y dado los resultados obtenidos en nuestro periplo por allá, la vuelta a Venezuela tiene que ver más con razones prácticas que con elucubraciones de cualquier otro tipo. Verán, algo con lo cual somos muy verticales tiene que ver con los compromisos económicos. Si las facilidades para mover el dinero, se menoscaban o dificultan cuando te encuentras fronteras afuera, mal puede éste cristiano responder a los desafíos que nos impone la banca tradicional. Lamentablemente, el sistema se niega a morir y estamos en una etapa donde es harto difícil disponer -incluso- de tu propio dinero. Y dado que nuestro banco nos dejó guindando a la hora de intentar pagar la renta del apartamento escogido, además de bloquear para su diversión el acceso a los fondos, no quedó otro remedio hacer caso a las señales de advertencia y regresar al país donde tendremos un tiempo con menores gastos. Con ello, compraremos tiempo para migrar completamente a la nueva economía y buscaremos la manera de retomar lo dejado.


Aún con todo lo previo, jamás puedo dejar de reconocer el calor patrio te arropa de maneras inexplicables. Sí, es bonito andar fuera (como en nuestro caso, donde las preocupaciones eran otras y no la de las mayorías quienes emigran), pero quien niegue se siente extremadamente bien volver al hogar, no merece tener nuestra nacionalidad. De hecho, hay quienes nunca la tuvieron, porque jamás siguieron el ejemplo de alguien quien les enseñara amarla. En nuestro caso tuvimos primero, a nuestro padre, quien no perdía oportunidad alguna de rodar con nosotros y luego mi vehículo, con el cual recorrí innumerables recodos de nuestra extensa red de carreteras, viendo en primera fila aquellas bellezas mostradas en la campaña referida. Aquí y ahora en Venezuela. Orgulloso de mi país siempre e invitando a quienes no poseen nuestra nacionalidad a conocerlo, con todas sus virtudes y defectos. Aché.
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