
En una calle angosta, al atardecer,
cuando el sol besa la piel del mundo,
un hombre de paso ligero camina,
con pensamientos ligeros y sueños en fila.
Las sombras largas susurran secretos,
las hojas secas cantan en el viento,
y la bruma de la tarde trae recuerdos,
de días de oro y noches de fuego.
El hombre, sin prisa, recorre su camino,
sus pasos resuenan en el eco de la calle,
mientras la ciudad se despierta del letargo,
y las luces de neón comienzan su baile.
Dobla una esquina, sin sospechar,
que el destino espera, agazapado en la oscuridad.
Un crujido, un chasquido, y el aire se quiebra,
un rostro familiar se perfila en la niebla.
Ella, vestida de sombras y rencor,
con ojos que brillan como astros apagados,
se acerca con un silencio de siglos,
y un susurro que hiela el alma.
"¿Recuerdas?", murmura, y su voz es un filo,
que corta el aire y el tiempo en dos.
Él retrocede, su corazón en un tambor,
la sorpresa amarga se anida en su pecho.
Los recuerdos vuelven, veloces y crueles,
de promesas rotas y sueños deshechos,
de noches de llanto y días de duelo,
de una despedida en la niebla del olvido.
Ahora, frente a frente, sin palabras ni gestos,
sólo el silencio de lo que fue y no será.
Ella da un paso, él siente el abismo,
y la sorpresa se transforma en realidad.
Aquí está mi participación para el tema de esta semana del "Club de Poesía": "Sorpresa desagradable".
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Imagen generada por IA para una mezcla perfecta. Espero que te guste.
Posted Using InLeo Alpha