Hola melómanos. Hacía tiempo que deseaba compartir con ustedes parte del trabajo del cubano Pedrito Martínez, un capo musical de cinco herramientas. Multiinstrumentista, compositor, arreglista, cantante, y bailarín, en cada dimensión de su mundo artístico se despliega como pez en el agua. Supe de él a través de una práctica que he descontinuado bastante, como corresponde a la agitada y ya no tan libre vida de un padre 🤣: navegar la lista de músicos nominados al Grammy anglosajón, particularmente siguiendo la pista de lo más valorado en el ámbito sonoro latino.

Imagen obtenida vía Twitter, editada en Gimp.
En el 2014, entre los nominados al mejor álbum de jazz latino "encontré" a Omar Sosa, otro de esos músicos cubanos que ha hecho carrera por el mundo, bebiendo de otras culturas sin abandonar su raíz. En su disco "Eggûn: The Afri-lectric experience", un homenaje sincero, libre e irrepetible a Miles Davis que forma parte de mi colección de cabecera, me percaté que tenía como invitados al saxofonista Yosvany Terry—hijo también de la musicalmente fértil tierra camagüeyana—y a un percusionista entonces desconocido para mí, que respondía al nombre de Pedrito Martínez.
Al año siguiente, los discos "New Throned King"—de Terry—y "The Pedrito Martínez Group" fueron nominados al Grammy en la misma categoría, y fue la oportunidad perfecta para explorar el trabajo de ambos. La sorpresa fue grande y grata. Terry, de quien esperaba escuchar un desbordado virtuosismo saxual, más bien se orientaba a una vena marcadamente percusionista. Sin abandonar su instrumento principal, se sumergió en la cultura arará, proveniente del antiguo Reino de Dahomey, colocando en el centro los diferentes cantos y toques de tambor que la identifican. De su padre, heredó la capacidad para tocar el histórico chekeré, un instrumento que los esclavos africanos utilizaban para percutir sin llamar la atención de sus dueños—cuando estos les prohibían el jolgorio. Debajo pueden ver algo de Terry en Harvard, donde dirige todo lo que tiene que ver con la enseñanza del jazz (en el bajo está su hermano Yunior, que, como apreciarán, no es segundo de nadie; parece que toca una guitarra de juguete).
The following year, Terry's albums "New Throned King" and "The Pedrito Martínez Group" were nominated for Grammy Awards in the same category, and it was the perfect opportunity to explore the work of both. The surprise was big and pleasant. Terry, from whom I expected to hear an overflowing sax virtuosity, was more oriented towards a marked percussionist vein. Without abandoning his main instrument, he immersed himself in the Arara culture, coming from the ancient Kingdom of Dahomey, placing at the center the different songs and drum beats that identify it. From her father, she inherited the ability to play the historic chekeré, an instrument that African slaves used to drum without attracting the attention of their owners—when they were forbidden to revel. Below you can see some of Terry at Harvard, where he runs everything to do with teaching jazz (on bass is his brother Yunior, who, as you'll appreciate, is nobody's second chair; he looks like he plays a toy guitar).
De Pedrito, que participó en el disco de Sosa tocando los sagrados tambores batá, esperaba una explosión de percusión y cantos afrocubanos, pero encontré mucho más que eso. Siempre con sus congas, Pedrito se mueve más en la onda timbera, identificándose con la música popular bailable tipo Van Van. Su trabajo tiene el valor agregado de estar influido por toda la cultura jazzística que ha asimilado durante años en el cosmopolita ámbito artístico neoyorquino. Debajo pueden verlo primero con su grupo original en el restaurante "Guantanamera", acompañado por la genial Ariacne Trujillo en el piano y en las voces, y luego en una presentación en Buenos Aires, Argentina.
El restaurante "Guantanamera", cuyas noches amenizó Martínez por mucho tiempo, se prestigió con la presencia de grandísimos músicos que acudieron allí solo para verlo cantar y mimar sus tambores "con el alma en la mano", como dijera Rubén Blades en un tema que grabó con él. El espectáculo de este habanero ha sido aplaudido por figuras como Eric Clapton, Steve Gadd—que le produjo su primer disco—, o Paul Simon, e igual han pasado a verlo ilustres más "contemporáneos" como Victor Wooten. Como seguramente se fijaron, Pedrito toca las congas sentado sobre un cajón que también percute, y hace unos años incorporó—de la batería—el hi hat, la caja y dos platillos. Un genio.
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Para mí su mejor disco es el menos conocido de todos, un homenaje rumbero al cantaor gitano Camarón de la Isla. Uno de sus hermanos, con el que conversé en un concierto de Pedrito en La Habana, piensa igual. Y es precisamente ese hecho, que regrese a Cuba y haga vida en su natal barrio de Cayo Hueso, lo que más quiero destacar. Allí está su grandeza, en superar la barrera que supone el ambiente generalmente tóxico y enrarecido en el que vivimos.
Es posible defender nuestra cultura sin regresar a casa, pero él sabe que la savia, el sanctasanctórum donde aprendió a cultivar esa fuerza con la que le transfiere vida a sus tambores, está aquí, donde la energía es mucho más natural y orgánica. Aunque sea menos rentable, estoy seguro que no hay escenario más exigente para él que el Jazz Plaza en La Habana. O que no encontrará mejores rivales repicando que en su humilde barrio habanero. Por eso Pedrito emigra hacia adentro, y yo lo celebro.
It is possible to defend our culture without returning home, but he knows that the sap, the sanctum sanctorum where he learned to cultivate that force with which he transfers life to his drums, is here, where the energy is much more natural and organic. Even if it is less profitable, I am sure there is no more demanding stage for him than the Jazz Plaza in Havana. Or that he won't find better rivals playing than in his humble Havana neighborhood. That's why Pedrito migrates inward, and I celebrate it.

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