
En medio del vació del espacio, una luna que orbitaba un planeta lejano eclosiono como un huevo. Fue así que la peor calamidad surgió en el universo.
Se trata de un ser cuyas dimensiones son absolutamente colosales, tan grande es su tamaño que un planeta como júpiter cabe dentro de su hocico. Su sola existencia significa el fin de los mundos.
Es un monstruo que ronda la galaxia como un tiburón hambriento, Solo come astros: planetas y estrellas son completamente aniquilados de un simple mordisco.
Su naturaleza es la de un destructor, es imparable e invencible para cualquier forma de vida inteligente, este monstruo cósmico es la entidad que representa la aniquilación de cualquier civilización.

A cientos de miles de kilómetros de su hogar, el astronauta Albert Coleman contemplaba la inmensidad del espacio. Sin embargo, de repente, a través de la ventana de la estación espacial internacional, un espectáculo aterrador ante sus ojos; la luz se desvanecía lentamente, un monstruo gigantesco devoraba la estrella de un mordisco.
Cuando todo quedo en tinieblas, no hubo ninguna explosión, el coloso cósmico digería la estrella irradiando una luz parecida al fuego, era como si en su interior absorbiera la luz solar como si fuera un manjar.
Albert veía catatónico como el monstruo flotaba en el centro del sistema solar, no podía creer que un monstruo de ese tamaño existiera, se negaba a creer que eso no fuera una pesadilla. Despavorido, dio todo de si para llegar al cuarto de control.
Con manos temblorosas, ajustó los controles y trató de enviar un mensaje de advertencia al planeta tierra, cada palabra que salia de su boca estaba cargada de pánico.
“¡Aquí la estación espacial! Un monstruo acaba de devorar el sol. Peligro inminente. ¡Hagan algo!”
Cada segundo que pasaba mientras el monstruo se alimentaba intensificaba la ansiedad en su pecho. Imágenes de su hogar aparecían en su mente, de su familia y amigos, lo hacían estremecer. La magnitud del horror que experimentaba lo hacia palidecer.
La criatura se movía lentamente, el silencio del espacio era abrumador. Impotente, el pobre astronauta observó cómo el monstruo se aproximaba a la Tierra, como si la hubiera olfateado y visto como un aperitivo.
En un mundo de completa oscuridad, un monstruo enorme se cernía sobre el planeta, y la atmósfera empezó a encenderse como si un gigantesco asteroide cayera del cielo.
Albert era consciente del fin del mundo, pero no podía creer que seria testigo del desastre definitivo, a lo lejos, cada mordisco a su hogar destruía continentes enteros y millones de personas perecían.
Las ciudades quedaron reducidas a escombros, las luces de países más grandes se apagaban a medida que el monstruo abría y cerraba su boca. Albert sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos. lloraba desconsolado como un bebe recién nacido, clamando por el fin de aquel horripilante festín.
Pero el monstruo no se detenía, masticaba lento mientras saboreaba el océano del planeta. La Tierra ya era un plato servido, toda vida en la superficie había sido aniquilada y el temible monstruo, implacable e insaciable, se disponía a tomar el bocado final.
Tras devorar el planeta tierra, el monstruo continuo con la luna y después fijo su atención al planeta rojo.
No quedo nada de ese lugar al cual ese pobre astronauta llamaba hogar... Albert no podía creerlo, se arrodilló y se coloco en posición fetal. Flotaba como un objeto inerte más en la estación espacial, porque se convirtió en lo que queda de la humanidad.


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