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ALBUM REVIEW: “The Odyssey” (2026) - Ludwig Göransson

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This publication was also writen in SPANISH and PORTUGUESE.

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Personally speaking, I think it’s absolutely fascinating to be able to follow the entire creative process behind what eventually becomes a movie’s soundtrack. Especially when the project itself is something epic in its conception, every decision has to be carefully considered so that the impact of this aspect is as powerful and immersive as possible. Between the lines, it is necessary to see the work as a whole before the music arrives as an extra force within the project. In this case, the magic begins even before the movie itself, because you have to envision the future in which the music will exist.

In the case of The Odyssey, which draws from an extraordinarily rich historical culture, the decision not to use anything related to a more traditional symphonic orchestra fit the production process perfectly, because it broke away from all the predictability normally expected from this kind of theme. That was a decision made by Christopher Nolan himself, who wrote and directed the movie, because he wanted to deliver the highest possible level of authenticity while taking the historical period into account. The decision may even be seen as pragmatic, but that is how Nolan likes to approach things.

Although this well-founded argument is somewhat "undermined" during the end credits (when a song by rapper Travis Scott, in collaboration with James Blake, is introduced... and I have to admit I could not understand that creative decision, at least not so far, and I very likely never will), throughout the entire movie, the soundtrack plays an astonishingly brilliant role and practically becomes another character within the narrative. Essentially, because the importance of the technical aspect stops being merely "technical" and becomes something much more personal.

The work of Swedish producer Ludwig Göransson is unbelievably remarkable (in every imaginable sense), because every single track that makes up this album (which is, of course, exclusive to the movie itself) was crafted to an exceptionally high standard. Here, every predictable sonic element was completely avoided, and each creative choice (no matter how unusual it may sound to more conservative ears) displays unmistakable sensitivity. It would not be an exaggeration to say that at the next Academy Awards (Oscars), he will once again receive a nomination (with a genuine chance of winning).

It all began with historical research into Ancient Greece, and from there, the entire musical concept of the soundtrack was masterfully developed. Using bronze gongs, lyres, and wind instruments inspired by the Bronze Age, Göransson created a truly stylised and deeply compelling blend, combining ancient sounds with powerful electronic synthesizers alongside modern, rhythm-driven beats full of personality. The fusion of the instruments and their respective sounds was measured with remarkable precision, creating genuine "melodic epiphanies".

Quite literally, it is impossible to listen to this album without imagining that some epic event is unfolding at that exact moment. This indirect invitation, so to speak, can easily spark the curiosity of those who have not yet seen the movie (which, let's be honest, is already an impressive achievement in itself... and by itself proves just how well the musical work was done). If you have already seen the movie, everything becomes even better, because listening to each track while recalling its corresponding scene makes the quality of the work (which was crafted here with meticulous care) even more apparent.

Across 23 meticulously produced compositions (because the details are scattered throughout every part of the score, yet simultaneously "stitched together" with remarkable precision), what we have here is an exceptionally solid body of work whose scale is aligned not only with the very essence of the movie's concept, but also with the breadth required to "hypnotise" the audience through a form of non-verbal poetry (which nevertheless speaks as eloquently as a book with infinite pages). It has been almost two weeks since I watched the movie, and I am still astonished by the sheer weight of this work.

This level of dedication reminds me of the craftsmanship that defined the cinema of old Hollywood, because it so effortlessly evokes that era through its bold ambition to create something beyond the audience's expectations, while delivering a level of quality that inspires genuine interest in what is being built. It is not merely work; it is the creation of art, in its highest expression of expertise. Modern cinema needs this, and once again, Göransson's latest work demonstrates that with remarkable clarity. I sincerely hope that more and more producers come to understand what truly needs to be done.


CRÍTICA DE DISCO: “La Odisea” (2026) - Ludwig Göransson

Particularmente hablando, creo que es muy fascinante poder seguir todo el proceso creativo que hay detrás de lo que termina convirtiéndose en la banda sonora de una película. Especialmente cuando el proyecto en sí es algo épico dentro de su propia concepción, todas las decisiones deben estar muy bien pensadas para que el impacto de ese apartado sea el mayor y más inmersivo posible. Entre líneas, es necesario ver la obra en su totalidad antes de que la música llegue como una fuerza adicional dentro del proyecto. En este caso, la magia comienza incluso antes de la propia película, porque es necesario vislumbrar el futuro en el que la música estará presente.

En el caso de La Odisea, que presenta una cultura extremadamente rica en todo su contexto histórico, la decisión de no utilizar nada relacionado con una orquesta sinfónica más tradicional encajó perfectamente en el proceso de producción, porque se alejó por completo de toda la previsibilidad que suele esperarse dentro de esta temática. Esa fue una decisión del propio Christopher Nolan, quien escribió y dirigió la película, porque quiso ofrecer la máxima fidelidad teniendo en cuenta toda la época. La decisión incluso puede considerarse basada en un pensamiento pragmático, pero así es como a Nolan le gusta pensar.

Aunque ese argumento tan bien fundamentado queda "invalidado" en los créditos finales (cuando se incorpora una canción del rapero Travis Scott, en colaboración con James Blake... y confieso que no logré entender esa decisión creativa, al menos no hasta ahora y, muy probablemente, no cambiaré de opinión en el futuro), a lo largo de toda la construcción de la película, la banda sonora desempeña un papel absolutamente increíble y prácticamente se convierte en un nuevo personaje dentro de la narrativa. Básicamente, porque la importancia del aspecto técnico deja de ser únicamente "técnica" para convertirse en algo mucho más personal.

El trabajo del productor sueco Ludwig Göransson es extraordinariamente increíble (en todos los sentidos imaginables), porque cada una de las piezas que componen este álbum (que es exclusivo de la propia película, obviamente) fue realizada con una calidad de altísimo nivel. Aquí se evitó por completo cualquier elemento sonoro más predecible, y cada una de las decisiones creativas (por más peculiares que puedan sonar a los oídos más conservadores) demuestra una sensibilidad evidente. No sería ninguna exageración afirmar que, en la próxima edición de los Óscar, volverá a ser nominado (con posibilidades de ganar).

Todo comenzó con un trabajo de investigación histórica sobre la Antigua Grecia y, a partir de ahí, todo el concepto musical de la banda sonora fue construido con gran habilidad. Utilizando gongs de bronce, liras e instrumentos de viento (inspirados en la Edad del Bronce), Göransson creó una mezcla realmente estilizada y muy sugerente, que combinó sonidos antiguos con potentes sintetizadores electrónicos junto con ritmos modernos, marcados y llenos de personalidad. La fusión de los instrumentos y de sus respectivos sonidos estuvo muy bien equilibrada, creando verdaderas "epifanías melódicas".

Literalmente, es imposible escuchar este álbum sin imaginar que algún acontecimiento épico está ocurriendo exactamente en ese momento. Esta invitación indirecta (por así decirlo) puede despertar fácilmente la curiosidad de aquellas personas que todavía no han visto la película (lo cual, seamos sinceros, ya es un enorme logro... y, por sí solo, demuestra lo bien hecho que está el trabajo musical). Si ya has visto la película, todo resulta aún mejor, porque al escuchar cada una de las pistas y recordar las escenas correspondientes, la calidad del trabajo (que aquí fue realizado de forma minuciosa) se vuelve mucho más evidente.

A lo largo de 23 composiciones producidas con precisión quirúrgica (porque los detalles están repartidos por todas partes y, al mismo tiempo, "cosidos" con una precisión admirable), aquí tenemos una obra muy sólida, cuyas proporciones están alineadas no solo con el concepto propuesto en la esencia de la propia película, sino también con toda la amplitud necesaria para "hipnotizar" al público mediante una verdadera poesía no verbal (que, aun así, dice tanto como un libro de páginas infinitas). Ya han pasado casi dos semanas desde que vi la película, y todavía sigo impactado por el peso de este trabajo.

Este tipo de dedicación me recuerda al trabajo que se hacía en el cine del viejo Hollywood, porque evoca con mucha facilidad aquella época gracias a su audacia para crear algo que va más allá de las expectativas del público, y lo hace ofreciendo niveles de calidad que transmiten un interés genuino por aquello que se está construyendo. No es solo trabajo; es creación artística en su máxima expresión de maestría. El cine moderno necesita eso y, una vez más, este nuevo trabajo de Göransson lo demuestra con bastante claridad. Sinceramente, espero que cada vez más productores comprendan lo que deben hacer.


CRÍTICA DE ÁLBUM: “A Odisseia” (2026) - Ludwig Göransson

Particularmente falando, eu acho muito fascinante poder acompanhar todo processo criativo por trás do que vem a se tornar a trilha sonora de algum filme. Em especial, quando o projeto em si é algo épico dentro da sua concepção, todas as decisões precisam ser bem pensadas para que o impacto desse segmento seja o maior e mais imersivo possível. Nas entrelinhas, é preciso enxergar o produto por inteiro antes da música chegar como uma força extra dentro do projeto. Nesse caso, a mágica começa antes mesmo do filme em si, porque é previso vislumbrar o futuro onde a música estará.

No caso de A Odisseia, que traz uma cultura extremamente rica dentro de todo o seu segmento histórico, a decisão de não usar nada relacionado a orquestra sinfônica mais tradicional caiu como uma luva no processo de produção, porque fugiu de toda a previsibilidade que é esperada dentro desse tema. Essa foi uma decisão do próprio Christopher Nolan, que escreveu e dirigiu o filme, porque ele quis entregar o máximo de fidelidade levando em consideração toda a época. A decisão pode até ser considerada com base em um pensamento pragmático, mas é assim que Nolan gosta de pensar.

Embora esse argumento bem fundamentado seja “invalidado” nos créditos finais (quando há a inserção de uma música do rapper Travis Scott, em parceria com James Blake... e eu confesso que não consegui entender essa decisão criativa, ao menos não até agora e muito provavelmente não irei mudar de ideia no futuro), durante toda a construção do filme, a trilha sonora tem um papel absurdamente incrível, e praticamente se torna um novo personagem dentro da narrativa. Basicamente, porque a importância do aspecto técnico deixa de ser apenas “técnico” para se tornar algo mais pessoal.

O trabalho do produtor sueco Ludwig Göransson é estupidamente incrível (em todos os sentidos imagináveis), porque cada uma das faixas que compõe esse álbum (que é exclusivo do filme em si, obviamente) foi feita com uma qualidade de nível altíssimo. Aqui, todo e qualquer elemento sonoro mais previsível foi completamente evitado, e cada uma das escolhas criativas (por mais peculiares que possam soar aos ouvidos mais conservadores) foram de nítida sensibilidade. Não seria exagero algum afirmar que, na próxima edição do Oscar, ele será indicado de novo (com chances de vencer).

Tudo começou com um trabalho envolvendo pesquisas históricas sobre a Grécia Antiga, e a partir daí, todo o conceito musical da trilha sonora foi habilmente construído. Usando gongos de bronze, liras e instrumentos de sopro (inspirados na Idade do Bronze), Göransson fez uma mistura realmente estilizada e bem instigante, que combinou os sons antigos com potentes sintetizadores eletrônicos aliados a batidas modernas, e ritmadas preenchidas com muita personalidade. A fusão dos instrumentos e dos seus respectivos sons foi muito bem dosada, criando verdadeiras “epifanias melódicas”.

Literalmente, é impossível não ouvir esse álbum e não imaginar que algum evento épico está acontecendo exatamente naquele momento. Esse convite indireto (por assim dizer) pode facilmente despertar a curiosidade daquelas pessoas que ainda não assistiram ao filme (o que convenhamos, já é um enorme feito... e por si só, já consegue provar como o trabalho musical foi bem feito). Se você já assistiu ao filme, tudo fica ainda melhor, porque ao ouvir cada uma das faixas e lembrar das respectivas cenas, fica muito mais evidente a qualidade do trabalho (que aqui foi feito minuciosamente).

Ao longo de 23 composições cirurgicamente produzidas (porque os detalhes estão espalhados por todas as partes, mas ao mesmo tempo, “costurados” com bastante precisão), eis aqui um trabalho muito sólido, que tem as suas proporções alinhadas não apenas com o conceito proposto na essência do filme em si, mas também com toda amplitude necessária para “hipnotizar” o público com uma verdadeira poesia não-verbal (mas que ainda sim, fala tanto quanto um livro com páginas infinitas). Já faz quase duas semanas que eu assisti ao filme, e ainda estou chocado com o peso deste trabalho.

Esse tipo de dedicação me faz lembrar o trabalho que era feito no cinema da velha Hollywood, porque ele evoca muito facilmente aquela época com sua ousadia em criar algo para além das expectativas do público, e o faz trazendo níveis de qualidade que imprimem o interesse real pelo que está sendo construído. Não é apenas trabalho; é criação de arte, em conceito máximo de expertise. O cinema moderno precisa disso, e mais uma vez, esse novo trabalho do Göransson prova isso com bastante clareza. Sinceramente, espero que cada vez mais os produtores entendam o que devem fazer.

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